Pensemos,
por un momento, que la historia es un vector, una fuerza; que con su
magnitud, dirección y sentido, condiciona el presente y el futuro
de la especie humana.
Aceptado esto, nos faltaría determinar el punto de aplicación
de esa fuerza para establecer los parámetros necesarios para
el análisis de esa acción histórica y así
intentar determinar hacia dónde se dirige (ya que no de dónde
viene, que eso, mal o bien, lo sabemos).
Para que una fuerza modifique su entidad (sentido, dirección,
magnitud), el punto de aplicación debe, necesariamente, sufrir
el efecto de otras fuerzas diferentes (sea por que se las quite o se
la agregue). Entonces, el cambio, el desvío o el colapso son
posibles.
Situemos el punto de aplicación de la fuerza que condiciona toda
la cultura del mundo en los centros de poder occidentales, siendo que
EEUU y la Comunidad Europea conforman el núcleo más potente
- históricamente hablando - que jamás haya visto el planeta;
y su dirección, sentido e intensidad, determinados por la filosofía
del ultra liberalismo económico y cultural que esos centros proponen
de manera egemónica e incontestable.
Así quedará conformado el conjunto de parámetros
de la fuerza o vector, dándonos una idea bastante clara de hacia
donde se dirigía.
Así
es la historia actual.
Después de la caída de la URSS esa fuerza; sin la amortiguación
del efecto contrario del grupo de la Cortina de Hierro y sin las atenuaciones
producidas por la preocupación por la guerra fría; se
vió potenciada, libre, energizada. Se disparó, sumiendo
al mundo en un festival de capitalismo a ultranza, con un ritmo por
demás vertiginoso en el que cualquier intento de modificación
se presentaba como imposible, impensable.
La magnitud de esta fuerza creció de modo exponencial desde entonces,
llevándonos a velocidades insospechadas en una dirección
por demás clara, aún a costa de provocar el mareo
de muchos.
Pero, cualquier cuerpo acelerado más allá de su capacidad
de resistencia tiende a aliviar tensiones, a modificarse, quizás
hasta a romperse; dejando al vector original sin soporte, sin sustento;
prevista o imprevistamente convertida en pura energía.
Y esto es lo que ocurrió el 11 de setiembre de 2001 a las 8:44,
hora de Nueva York.
Quizás,
uno de los primeros síntomas de inestabilidad del sistema habría
que buscarlo en las controvertidas (por no decir payasescas) elecciones
presidenciales en EEUU del 2000. Ese mismo pueblo que hoy, en un 65%
clama venganza,
no fué capaz de decidir claramente que tipo de gobierno quería.
Solución: el fraude - digno de la más emergente republiqueta
- que entronizó al republicano G.W. Bush en el poder.
Su política y sus amigos, aplican una mayor presión al
ya apretado acelerador y... la velocidad crece.
Multitud de ideas se ponen en marcha, la mayoría inspiradas en
ese mareo del que hablábamos antes. Consecuencia: En la reunión
en Italia del Grupo de los 7 la reacción de sectores que no acuerdan
e intentan influir en los reunidos deja de saldo un muerto (¿Uno
solo? ... ¡No es nada!)
De ahí en más, las reuniones serán secretas y protegidas
por poderosos sistemas de seguridad. Pero la hilacha ha quedado a la
vista y la furia se apresura. El cuerpo, acelerado más allá
de su resistencia se resiente. Comienza a resquebrajarse.
¿La respuesta?
Arreglos con los alambres y la tela adhesiva de millones y millones
de dólares distribuidos a mansalva en tratar de aplacar algunos
ánimos y evitar posibles focos de conflicto... más represión
y más
fuerza.
Y la banda siguió tocando.
Hasta que...
Un grupo
de delirados cabrones tan hijos de puta como sus enemigos, apresuran
un ataque que han ido preparando por años.
¿Para qué?
Para conmover el punto de apoyo de esa fuerza, socavar sus orígenes,
torcer su direción y, si es posible, capitalizar la debacle.
Y lo lograron.
El cuerpo
social, occidental, liberal y globalizado se retuerce, herido yviajando
a una velocidad que no le permite frenar a tiempo para evitar el desastre.
Aquí el cambio, el desvío, el colapso.
Un cambio, un desvío, un colapso que no será posible disimular
aún manipulando los medios de información y proyectando
la imagen de que el "cowboy justiciero" hará brillar
el "navy colt" en sus manos acabando con todos los malos sin
sufrir ni un rasguño.
No será así. Quien haya visto la repetida imagen de la
torre sur cayendo sobre sí misma, sabe que no es así (
y muchos millones la vimos cien veces).
El gigante acusó el golpe y se tambalea peligrosamente.
Mareado, confuso, no atina a otra cosa más que agitar su quijada
de burro prometiendo castigos horrorosos.
No hay regreso. El tiempo por vivir será duro y peligroso.
Y me hago
más preguntas:
1- Europa duda - Mientras
Francia expresa un claro "ni", Alemania
e Inglaterra son incondicionales. El resto duda - ¿Se romperá
la alianza?
2 - EEUU vivirá en carne propia la desocupación
y la recesión
que vienen haciendo estragos en otras latitudes - ¿Sabrán
solventar este flagelo con el estoicismo y la humildad con la que esperan
que lo soportemos nosotros?
3 - el Maccartismo va a quedar como un cuento infantil al lado de la
"caza
de brujas" que se avecina - ¿Se podrá soportar
en paz?
4 - Argentina ya no importa. Quizás nunca importó, pero
no nos damos cuenta - ¿Seguiremos así?
Por todo
esto pienso que la historia cambió; que se avecinan otros tiempos,
otras ideas, otras luchas.
Ojalá podamos protegernos. Tomar el trozo de cuerpo social -
que es nuestro - y que ha quedado suelto a merced del temporal y llevarlo
a una costa segura donde "el atroz encanto de ser argentinos"
(Aguinis dixit) y latinoamericanos, pueda convertirse en el espacio
de paz y progreso que todos deseamos.
Daniel
Migone
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tope