Quién es el pirata?
Nota publicada en Lobster Magazine - enero de 2000
Confieso que en los 15 años que llevo ocupando mi tiempo en tareas informáticas (Diseño, fotografía digital, multimedia, etc.) solamente una vez he comprado un programa original.
Fue el Director 4.0 para Windows y lo hice por el solo motivo que necesitaba una parte del manual que, entonces, no se conseguía en las librerías especializadas.
Actualmente trabajo con las versiones 8.0 del susodicho programa en plataformas MAC y PC, ambas "truchas". Nunca más compré otro.
Por qué?
Por dos razones fundamentales: La primera es que no me hizo falta. La segunda es porque me resisto a erogar las enormes fortunas que requiere estar al día con todo el software de aplicación necesario en una tarea como la mía.
Aclaremos
Primera razón: Es casi un hecho incontrovertible que los vendedores de equipos (hardware) promocionan sus productos ofreciendo cada vez más opciones de software pre-cargadas en la máquina que intentan vender. Aquí (en Argentina) casi todos los comerciantes de Macintosh venden las máquinas con "paquetes" que incluyen versiones actualizadas de las aplicaciones más costosas del mercado (Illustrator, Photoshop, Quark X Press, etc.), además de cientos de extensiones y utilitarios esenciales para el correcto funcionamiento del Sistema Operativo. Ni que hablar de los propios SO que, como norma, ya ni se discute su inclusión e instalación previa. Si uno presiona un poco, el mismo "dealer" le dirá: - Si, puedo conseguir el Blablabla 4.0.1 ... pero no diga nada, eh? - y te lo carga sin más.
Suficiente. Basta con recorrer un poco los negocios para llegar a casa con uno - o varios - CD cargados de aplicaciones interesantes que han costado solo un poco de charla y quizás el disco virgen (aunque en la mayoría de los casos, ni eso)
Aha! Entonces son ellos los que fomentan la piratería!
No es tan así. De fábrica, y profusamente anunciados en cualquier revista del tema, uno puede leer ofertas de máquinas de marcas líderes con suites de software incluidas suficientes como para establecer una mini empresa.
Aha! Entonces son los fabricantes !!
Ni eso. No hay más que recorrer las librerías especializadas o algunos kioscos de revistas para observar que de cada 5 publicaciones, 3 ofrecen versiones que funcionan de programas de una generación anterior a la última que, en la mayoría de los casos resultan mejor para trabajar que las más modernas (y caras)
Claro, muchas de estas versiones puede que no funcionen bien o que vengan con algún elemento desarmado, como para tentar al pasajero, pero no darle todo el dulce... provocando un pequeño lío a la hora de salvar archivos o incorporar números de serie... Ja! Mentira... En el mercado circulan gratuitamente varios programas que incluyen números de serie y actualizaciones "hackeadas" de los originales de los programas más famosos.
Entonces, finalmente, la culpa es de los hackers... Ya lo viene diciendo todo el mundo...
Lo dudo. Mucho me temo que, en este caso, los "hackers" sean los mismos fabricantes o distribuidores de soft, que de esta manera ponen en el mercado muestras de sus productos, intentando enganchar al usuario para siempre.
Pero... Uno se queda sin los manuales...
Nada de eso. He visto en las librerías, hasta 6 versiones de títulos dedicados a los programas más complejos con referencias más completas y más claras que en los manuales originales, a un precio más que razonable... y editadas bajo estímulo o licencia de los mismos fabricantes del software!!!
He aquí, entonces, otro foco infeccioso. Saneemos todo esto y se terminará con la piratería...
Quizás. Y para aclarar más, o terminar de confundirlo todo, argumentemos sobre mi segunda razón para no comprar software original.
Pero quién es el verdadero pirata?
Cualquier programa de aplicación enlatado, cuesta entre 200 y 1.500 (o más) dólares en el comercio, con grandes anuncios de las maravillosas prestaciones que ofrecen como mejoras de lo anterior o de alguna especial competencia, y que además viene en cajas muy lindas con mucha bibliografía y montones de papeles que amenazan con juicios terribles y recomendaciones absurdas. Pero en realidad, aparte de la idea original, no son más que "baúles" de herramientas que, bajo la genérica denominación de "aplicaciones", derivan de alguna serie de rutinas básicas que no son más que repeticiones de "clusters" creados hace muchos años y que se repiten y se enlazan hasta el cansancio en "nuevos" modelos de acción. Ni hablar de las actualizaciones o nuevas versiones. En general no son más que parches a lo ya hecho, con el agregado de alguna nueva función más o menos útil, o un arreglo a algo que decididamente no funcionaba; todo muy seriamente explicado, intentando volver loco al usuario y crearle el "síndrome de la última versión"
No quiero criticar la titánica tarea de los programadores, que invierten largas horas de trabajo y concentración, más una inteligente coordinación de equipo, al emprender la formulación (o re-formulación) de cualquier código fuente de cualquier programa.
Critico, básicamente, el precio de venta de cada uno de esos "paquetes".
El trabajo de los equipos de programación, decía, es fantástico. Imaginemos que el código fuente (el seudo-texto que representa a las funciones que el programa debe cumplir) de una aplicación como el Word, por ejemplo, insumiría más páginas que las obras completas de Shakespeare... y para peor, escritas en un lenguaje menos coloquial... y bastante menos profundo... aunque también exprese ideas.
Sin duda, el trabajo es enorme. Pero esto de ninguna manera justifica la gigantesca cantidad de dinero que mueve este particular hecho creativo.
Supongamos, por un momento, que los editores de Pablo Cohelo, para su obra El Alquimista, de la cual se han vendido más de 10 millones de ejemplares en todo el mundo, hubiesen adoptado el sistema comercial del software. Un ejemplar hubiese salido al mercado a un precio de, digamos, 150 u$s, en lugar de los 15 $ que cuesta en realidad, aduciendo su importancia en el desarrollo mental de toda una generación, y apoyado por una profusa campaña de marketing. Además, agreguemos el hecho de que el propio Cohelo introduce modificaciones a su texto cada 6 meses y que cada nueva versión costase más o menos 100 u$s.
Mucho me temo que don Pablo no hubiese logrado vender ni 100 ejemplares de su popular libro.
Y esto, por qué? Si en definitiva hay tanto talento en la obra de Cohelo como en un software de aplicación tradicional.
Hay una gran diferencia. El marketing. O, entendido de otro modo, la descontrolada generación de necesidades en el consumidor.
Esta seudo-ciencia comunicacional, ha producido más daño que beneficio elaborando con paciencia de araña una trama tal de necesidades y semi-satisfacciones que le permite a tipos como el inefable Bill Gates (Cuyo apellido significa "puertas", aunque él vende "ventanas") no solo se haya convertido en el hombre más rico del mundo, sino que además, tenga el tupé de teorizar sobre el futuro de la humanidad, erigiéndose en una especie de Dios vivo en el más amplio sentido de la palabra.
Ante este, y muchos otros "vivos", algunos creen, van y compran. Otros, como yo, no.
El pobre Bill se tira de los pelos porque le copian sus programas, y encima lo acusan de monopólico... Que injusticia!!!
Por qué se ensañan tanto con el de las ventanas... y su cohorte de colegas?
Porque los piratas son ellos.
Piratas eran aquellos tipos que surcaban los mares hundiendo a cuanta inocente navío mercante tuviesen a tiro, robando y violando a pasajeras (y pasajeros) con el solo fin de acumular enormes riquezas que luego enterraban en islas desiertas poniéndolas a buen recaudo, lejos de los circuitos de producción y financiamiento de la época.
Tengo la sensación que la figura les cabe más a un Adobe, un Sun o un Microsoft que a mi.
Yo me siento violado y robado cuando debo desembolsar miles de pesos para obtener muy poco más que una base de datos lindamente presentada, o un conjunto de rutinas que alguien creó originalmente hace más de 20 años, o reestructuras de sistemas operativos que no andan.
Me siento pirateado cuando se me obliga a navegar en un mar informático temeroso que mi reciente y costosamente adquirida versión del Pirulo 5.0 va a producir archivos que el Pirulo 4.0 u otra aplicación similar que posean mis clientes, jamás van a poder ser leídos o interpretados correctamente; y sobre todo, me pongo furioso ante la absurda y tácita teoría de que si no tengo lo último, no existo, y me hundo en este agresivo mar globalizado.
Entonces... Voy y me copio lo que necesito... Al fin y al cabo, el que roba a un ladrón...
Y no me vengan con el tema de la propiedad intelectual y el derecho a explotarla... (Ya hablaremos de eso en otro momento)
Reacciono ante un verdadero ultraje. Un atropello que, ni aún siendo demostrado como virtud, puede convencerme de que moviliza la economía incorporando mano de obra y generando crecimiento.
Vean a Microsoft. En la isla desierta del tal Gates, se halla enterrado un tesoro que, en conjunto, es superior a la deuda externa de algunos hambrientos países, y varias veces superior al presupuesto nacional de otros tantos sin que esta montaña de dinero aporte nada más que algunos artículos en diarios y revistas y la velada promesa de donarlo todo a la beneficencia en el momento que Bill muera (si es que muere).
En el orden económico particular, y haciendo un sencillo cálculo, puede observarse que el costo de mantenerse actualizado en el software llamado productivo, es varias veces superior a la renta que ese costo permite producir. En otras palabras, siempre se gasta más de lo que se gana, trabajando con software al día.
Ah! Y guay de portarse mal!! Quien haya leído alguna vez los mamotréticos "acuerdos de licencia" del software (un eufemismo que intenta legalizar el atropello), no puede menos que horrorizarse ante la cantidad de calamidades que pueden ocurrirle si no sigue las normas.
Esto es, sin duda, por temor al plagio, a la copia, a la competencia en definitiva.
Por qué tanto miedo?
Quizás porque saben, en lo más profundo de sus archivos, que lo que hacen no vale lo que cuesta y temen que finalmente alguien se avive.
Cuando todo se calme, cuando la verdad aflore y el software cueste lo que vale (unas monedas apenas), se va a terminar la piratería (léase - las víctimas).
Mientras tanto, seguiremos copiando como una forma - ilegal, por cierto - de protegerse ante tan sofisticada y poderosa verdadera piratería.
E Internet?
Ah! Internet es otra cosa!Daniel Migone
3 - 2 - 2000